El valor de reconocernos y volver a nosotros

Cuando hablamos de amor propio, pienso que a veces subestimamos el tipo de amor que podemos sentir por nosotros mismos. Y cuando digo amor, me refiero a ese amor que nace de apreciar quiénes somos; de valorar nuestras habilidades, nuestras fortalezas y eso que nos hace únicos, genuinos, mágicos e incomparables.

Pero hay veces que no vemos todo lo valioso que hay en nosotros, porque sentimos la necesidad de recibir validación externa. Necesitamos que alguien nos lo diga, que nos reafirme, que nos recuerde que lo estamos haciendo bien o que reconozca nuestro valor.

Y ahí es donde, para mí, entra una pregunta importante: ¿me dejo llevar por lo que otros dicen y reconocen de mí, o tengo la capacidad de valorarme y reconocerme, y que eso sea suficiente?

Pienso que ahí está la clave: que eso sea suficiente.

Porque hay momentos en los que, sin darnos cuenta, la opinión de otra persona termina teniendo más peso que la nuestra. Y es precisamente en los momentos difíciles cuando nuestro amor propio se pone a prueba: cuando las circunstancias no se dan como queremos, cuando nos fajamos por dar lo mejor de nosotros y sentimos que no es apreciado por otros, o cuando no recibimos el reconocimiento que pensamos que merecemos.

Es ahí cuando puede entrar la duda: ¿Será que no soy suficiente? ¿Será que lo que estoy haciendo no tiene valor?

Pero quizás el ejercicio está en regresar a nosotros. En poder decir: Yo sé quién soy. Yo sé lo que aporto. Yo sé lo que valgo.

Si alguna vez te has sentido así, te comparto tres formas de regresar a ti para priorizar ese valor, ese amor, esa validación.

  1. Reconoce lo que ya hay en ti. Haz el ejercicio de identificar tus fortalezas, eso que haces bien y las cualidades que valoras de ti y te hacen un ser único. No esperes a que otra persona te las señale para reconocerlas.
  2. Haz espacio intencional para escucharte. Entre tantas opiniones, expectativas y responsabilidades, busca momentos para preguntarte: ¿qué necesito?, ¿cómo me siento?, ¿qué quiero para mí? Priorizarte también comienza por aprender a escucharte y ser consciente de lo que necesitas.
  3. Pausa y valora tu propio esfuerzo. No todo lo que haces va a recibir reconocimiento externo. Aprende a detenerte y reconocer lo que has logrado, lo que has intentado y cómo has crecido, incluso cuando nadie más lo vea. Esto es algo que puedes hacer diariamente y reconocer cómo tú -y solo tú- lo lograste.

El reconocimiento de otros se siente bien y siempre será bonito recibirlo. Pero nuestro valor no puede depender únicamente de que alguien más sea capaz de verlo.

Porque habrá momentos en los que nadie nos lo va a recordar. Y quizás ahí es cuando más necesitamos aprender a recordárnoslo nosotros mismos.

Con cariño,

Suría

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